< Siembra Pensamientos, Cosecha la Vida - PANORAMA URBANO RD

Siembra Pensamientos, Cosecha la Vida

Santo Domingo RD, –La vida no es algo que nos sucede pasivamente, sino que la interpretamos y debemos gestionar con inteligencia. Es el reflejo de nuestros actos, pues todo lo que nos ocurre, por insignificante que parezca, es resultado de acciones previas. Las coincidencias carecen del azar, y el destino no es algo predestinado que nos espera. Todo está condicionado por aquello que perseguimos en nuestra mente.

La mente, y no el corazón —que no sirve para más que bombear sangre—, es la que domina la vida y el cuerpo. No creo en corazones sabios, creo en mentes entrenadas. La mente manda. El azar golpea. El destino se construye a golpe de decisiones. El corazón obedece órdenes; la mente las diseña. Quien le da crédito al corazón para decidir, le da el timón al mensajero y no al capitán. La gente común cree que el corazón sabe y que decide, para decidir al azar y no pensar, porque pensar duele.

Como bien decía Sábato: «Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.»

Aquello que nos está reservado es, en esencia, lo que en el fondo deseamos, y de forma consciente o inconsciente obramos para que se materialice. A menudo, realizamos actos sin plena conciencia de sus implicaciones y luego atribuimos los resultados al destino.

No hay casualidad, sino destino. Pero destino no es azar disfrazado.
Azar son las circunstancias que te caen encima sin pedir permiso: la lluvia, el sol o el apagón.
Destino es el camino que eliges cuando eso pasa: te mojas, te quejas, o abres un negocio de sombrillas.

No se encuentra sino lo que se busca, y se busca lo que en cierto modo está escondido en lo más profundo y oscuro interior de nuestra mente. Porque si no, ¿cómo el encuentro con una misma persona no produce en dos seres los mismos resultados? ¿Por qué a uno el encuentro con un revolucionario lo lleva a la revolución y al otro lo deja indiferente? Razón por la cual parece como que uno termina por encontrarse al final con las personas que debe encontrar, quedando así la casualidad reducida a límites muy modestos.

Quien domina su mente, domina su vida. Quien logra someterla, aunque sea mínimamente, toma conciencia de las consecuencias de sus actos y acepta los resultados con serenidad. En contraste, aquel cuya mente lo domina, percibe todo como una contrariedad o una sorpresa.

Se dice que cuando deseamos algo con intensidad, el universo conspira para que lo logremos. Finalmente, alcanzamos lo que anhelamos porque nuestra mente prepara al cuerpo, y este materializa las acciones guiadas por nuestros pensamientos. Por lo tanto, es crucial elegir sabiamente nuestros deseos, pues tienen el poder de materializarse. La suerte, entonces, es el nombre bonito que le ponemos al acto con el que completamos un propósito, porque ya estábamos listos para aprovecharlo.

La buena suerte se manifiesta en la suma de pequeños detalles a los que prestamos atención y valoramos. Con el tiempo, estos se acumulan hasta que parecen materializarse en un gran golpe de fortuna. La mala suerte funciona de modo similar: son eventos superficiales que ignoramos, pero que se suman en silencio hasta crear un revés desafortunado.

Los actos en sí, buenos o malos, no siempre dependen directamente de nuestra voluntad. Lo que sí está en nuestras manos es la forma en que los enfrentamos. Nuestra vida se compone de incidentes y momentos que nosotros mismos convertimos en buenos o malos. Los «plantamos», crecen y se reproducen.

No siembres malos momentos en tus días, pues un mal instante puede escalar a una mala hora, una mala hora a un mal día, y así sucesivamente hasta abarcar semanas y meses. Antes de que te des cuenta, podrías enfrentar un mal año, y los años se suman hasta configurar una vida desafortunada que podría haber sido muy diferente si hubieras gestionado esos instantes iniciales. Ahoga las adversidades en su raíz.

Wilson Perez

Compartir