Por Kaming Rosario E.
Cuando la derrota toca la puerta, un verdadero dirigente debe saber escucharla sin romper la casa. La política exige competencia, pero también disciplina, humildad y capacidad para aceptar que ningún proyecto personal está por encima de una organización. En el caso de Francisco Javier García, su actual comportamiento dentro de la contienda interna del PLD merece una mirada crítica.
En los últimos días ha cuestionado públicamente el padrón de la consulta, ha señalado a sectores vinculados a Gonzalo Castillo y ha llegado a advertir que un proceso que, según él, utilice mecanismos fraudulentos podría terminar escogiendo un “trapo de candidato”. Estas son afirmaciones hechas por el propio García y no hechos establecidos judicialmente.
Lo preocupante, desde una perspectiva política, es que un dirigente de la experiencia de García debería ser precisamente uno de los primeros en contribuir a la confianza en las reglas que rigen una competencia interna.
Si existen irregularidades, corresponde denunciarlas y aportar las pruebas ante los organismos competentes; pero convertir cada diferencia en una sospecha generalizada puede terminar deteriorando la credibilidad del propio proceso que se pretende defender. García incluso ha anunciado gestiones ante presidentes de otros partidos para pedir que no intervengan en la consulta del PLD, mientras sostiene que su organización debe manejar internamente sus asuntos.
Hay además un antecedente que forma parte de su trayectoria reciente y que no debería ser ignorado. En mayo de 2023, García renunció como coordinador de la campaña presidencial de Abel Martínez. En su carta explicó que una campaña debía tener una dirección central y cuestionó la existencia de equipos paralelos, aunque presentó su salida como una decisión motivada por el respeto al candidato, al partido y a la militancia.
Aquella decisión no permite afirmar por sí sola que García haya sido responsable del resultado electoral de 2024, pero sí constituye un episodio relevante para evaluar su relación con las estructuras de dirección cuando existen diferencias estratégicas.
Por eso, el desafío actual para Francisco Javier no es solamente convencer a los peledeístas de que tiene capacidad para dirigir el partido y buscar la Presidencia.
También debe demostrar que puede competir sin convertir la competencia en una batalla personal. Si considera que el proceso tiene fallas, tiene todo el derecho a señalarlas y exigir respuestas; lo que debe evitar un dirigente de su experiencia es presentar como hechos comprobados aquellas acusaciones que todavía son únicamente sus señalamientos. La política se gana con votos, organización y credibilidad, no anticipando que una eventual derrota solamente puede explicarse por un fraude.
Y aquí está la verdadera prueba: si Francisco Javier García gana la consulta, tendrá que convocar a quienes no estuvieron con él; si pierde, tendrá que demostrar que su compromiso con el PLD es mayor que su proyecto personal. Esa será la medida más importante de su liderazgo. Porque una consulta interna puede producir un ganador, pero la conducta de los participantes después del resultado determinará si el partido sale fortalecido o más dividido.







