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Veteranos alertan sobre una sociedad distraída y ciudadanos alienados

Soluciones desde la Justicia Social

Por Valerio Antonio García Reyes.

Vivimos en una época donde la información abunda, pero la conciencia escasea. Nunca antes las sociedades habían tenido tanto acceso al conocimiento y, al mismo tiempo, tanta dificultad para reflexionar con profundidad sobre los problemas reales que afectan su presente y su futuro. La distracción permanente se ha convertido en una forma silenciosa de control social.

Las redes sociales, el entretenimiento excesivo, la confrontación constante y la cultura de la inmediatez han creado ciudadanos cada vez más desconectados de la realidad. Muchos reaccionan, pero pocos reflexionan. Se opina con rapidez, pero se comprende poco. La emoción sustituye el análisis y la apariencia desplaza el contenido.

Como consecuencia, surge una sociedad donde muchas personas parecen caminar sin propósito claro, atrapadas en rutinas vacías, dependencias emocionales y económicas, y una profunda desconexión de sus responsabilidades individuales y colectivas. Se debilita la voluntad, disminuye la capacidad de sacrificio y aumenta la dependencia. Poco a poco, algunos ciudadanos terminan viviendo como espectadores pasivos de su propia vida, vulnerables a la manipulación, al asistencialismo permanente y a la pérdida progresiva de dignidad personal.

Ese fenómeno no solo afecta la economía o la convivencia social. También impacta la seguridad, la estabilidad institucional y la capacidad de una nación para sostener valores, disciplina y cohesión social. Ningún país puede avanzar de forma sólida cuando grandes sectores de su población pierden el sentido del deber, del esfuerzo y de la responsabilidad colectiva.

Ante esta realidad, surge una pregunta fundamental: ¿cómo enfrentar de manera sostenible la violencia, la criminalidad, la descomposición social y la pérdida progresiva de cohesión comunitaria? La respuesta no puede limitarse únicamente a la represión o al castigo. La verdadera justicia social no consiste solamente en aplicar leyes o sancionar conductas. Consiste en crear condiciones reales para que las personas puedan vivir con dignidad, acceder a oportunidades, desarrollarse dentro de la legalidad y construir un proyecto de vida estable.

Una sociedad donde amplios sectores viven atrapados en exclusión, dependencia, abandono o desesperanza difícilmente puede alcanzar paz duradera. Por eso, el nuevo Ministerio de Justicia tiene ante sí un desafío histórico: no limitarse a la dimensión punitiva del sistema, sino convertirse también en un actor estratégico en la prevención social, la formación ciudadana y el fortalecimiento de la convivencia nacional.

En esa dirección, el Ministerio de Justicia ha iniciado propuestas novedosas y soluciones concretas orientadas a la Seguridad Pública, la Asistencia Ciudadana y el Cambio Cultural, concebidas como programas piloto en distintas demarcaciones del país. La visión consiste en desarrollar modelos de intervención comunitaria, prevención y acompañamiento humano que posteriormente puedan expandirse progresivamente hacia todo el territorio nacional, generando un efecto multiplicador sobre la convivencia, la disciplina social y la cultura de legalidad.

En medio de este escenario, el veterano representa mucho más que un militar o un policía retirado. Representa experiencia, resiliencia, disciplina, servicio y conciencia del deber. El veterano conoce el valor de la organización, del sacrificio y de la responsabilidad porque dedicó gran parte de su vida al servicio de la patria.

Por eso, la Hermandad de Veteranos no debe limitarse únicamente a programas de asistencia social. También tiene el deber histórico de convertirse en un espacio de reconstrucción humana, orientación, formación y fortalecimiento de valores. El Sistema de Atención al Veterano (SAVET), la asistencia jurídica, la salud integral, la capacitación y el acompañamiento social pueden transformarse en herramientas para rescatar dignidad, propósito y cohesión comunitaria entre miles de veteranos y sus familias.

En ese contexto, la articulación entre la Hermandad de Veteranos y el Ministerio de Justicia puede convertirse en una alianza de alto impacto nacional. Esta simbiosis institucional tiene el potencial de impulsar movilidad social, estabilidad familiar y fortalecimiento comunitario para más de 300 mil ciudadanos dominicanos vinculados directamente a los veteranos y sus familias. Al mismo tiempo, puede servir como catalizador social y moral para más de 400 mil familiares de militares y policías activos, promoviendo una cultura basada en disciplina, legalidad, educación, prevención y desarrollo humano.

No se trata únicamente de asistencia. Se trata de construir ciudadanía. De crear mecanismos que permitan transformar dependencia en capacidad, frustración en propósito y vulnerabilidad en resiliencia social. Cuando una nación fortalece a quienes dedicaron su vida al servicio, también fortalece el tejido moral e institucional de toda la sociedad.

La Hermandad de Veteranos puede convertirse así en una plataforma de integración social, acompañamiento humano y reconstrucción de valores, mientras el Ministerio de Justicia puede aportar el marco institucional para desarrollar programas preventivos, comunitarios y educativos orientados a la convivencia, la mediación y la cultura de responsabilidad ciudadana.

Porque la patria no solo necesita hombres y mujeres capaces de defender sus fronteras. También necesita ciudadanos capaces de defender su voluntad, su dignidad, sus valores y la conciencia colectiva de la nación. Y esa tarea solo será posible si el país avanza hacia una verdadera justicia social, entendida como acceso a oportunidades, educación, salud, orientación, trabajo digno y fortalecimiento familiar.

Ninguna sociedad puede combatir de manera sostenible la violencia y la criminalidad únicamente desde la represión. La única prevención real y duradera nace cuando las personas encuentran propósito, inclusión, respeto a su dignidad y posibilidades reales de movilidad social.

Allí donde existe abandono, desesperanza y exclusión, crecen la violencia y la descomposición; pero donde existe justicia social, disciplina, formación y sentido de comunidad, nace la estabilidad y se fortalece la paz social.

El autor es Presidente de la Hermandad de Veteranos y Presidente de la Alianza Mundial de Veteranos. Pasado rector de la Universidad del Caribe y Pasado Rector de la Universidad Nacional para la Defensa.

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