Por Kaming Rosario E.
La decisión del presidente Luis Abinader de dar por terminado el proyecto minero Romero en San Juan de la Maguana marca un antes y un después en un conflicto que por meses tensó a toda una provincia.
Con esta medida, los munícipes logran una victoria que no solo es ambiental, sino también social: la defensa de su territorio y de su forma de vida.
Pero no todo el mundo sale bien parado en esta historia. El debate dejó al descubierto a una serie de actores —políticos, influencers y comunicadores— que, lejos de asumir una postura genuina, utilizaron el tema como plataforma para agendas particulares.
En lugar de aportar al análisis serio y responsable, optaron por el ruido, la manipulación y la conveniencia, apostando más al beneficio propio que al interés colectivo.
Ahora que el tema parece cerrado, queda una pregunta inevitable: ¿cuál será la próxima causa que algunos intentarán explotar para seguir haciendo politiquería barata? El país necesita menos oportunismo y más coherencia.
Porque cuando las luchas sociales se convierten en herramientas de conveniencia, se desvirtúa su esencia y se pierde la confianza de la gente.

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