Santo Domingo RD, –La Libertad de Expresión es uno de los pilares más valiosos de toda sociedad democrática. Gracias a ella, los ciudadanos pueden opinar, cuestionar y manifestar sus ideas sin temor a ser perseguidos.
Sin embargo, en los últimos tiempos hemos visto cómo este derecho !tan sagrado como frágil¡ está siendo distorsionado y utilizado como escudo para justificar la ofensa, la descalificación y la agresión verbal.
Muchos, amparados en la excusa de “decir lo que piensan”, cruzan los límites del respeto y convierten el debate público en un terreno hostil.
La libertad no implica impunidad, y la opinión no debe ser un arma para destruir la dignidad de los demás. Quien usa la palabra para humillar, incitar al odio o atacar sin fundamento, no ejerce un derecho: abusa de él.
Es momento de reflexionar. Si no protegemos este derecho con responsabilidad, podemos terminar perdiéndolo. La Libertad de Expresión exige madurez cívica, conciencia social y la voluntad de construir, no de destruir. En las democracias, la palabra es un puente, no un látigo.
Cuidemos este derecho fundamental. Defendámoslo con firmeza, pero también con respeto. Porque, al final, la libertad solo tiene sentido cuando convive con la dignidad humana.

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